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Jordania tiene el primer campo de refugiados que funciona con energía solar

UNHCR/Benoit Almeras Martino

La energía solar ahora provee de electricidad a refugadios sirios en un campo de Jordania.

Según la Agencia de la ONU para Refugiados (ACNUR) el campo Azraq es el primero en el mundo en usar este tipo de energía. La planta usa cientos de paneles para recolectar energía del sol. Tuvo un costo aproximado de 10 millones de dólares para su construcción.

Los fondos provinieron de la fundación IKEA, enfocado en ayudar a personas en pobreza. La compañía sueca donó un euro a la ACNUR cada vez que alguien compraba algunos artículos de iluminación.

La planta del campo empezó a funcionar a mediados de mayo y actualmente funciona para 20 mil refugiados sirios que viven en albergues. Para principios del 2018 se planea que el servicio sirva para 36 mil refugiados.

Hasta hace poco las personas viviendo en estos campos sólo contaban con linternas para iluminar los espacios donde vivian. También había problemas para proveer de electricidad al lugar y mantener la comida fría.

En enero pasado, el sistema de energía en Jordania empezó a proveer de electricidad a algunos residentes en estos campos.

Ahora, esta planta solar servirá a la agencia de refugiados y les ahorrará aproximadamente 1.5 millones de dólares en costos de energía. Naciones Unidas asegura que este ahorro puede usarse para asistencia que se necesite en el lugar.

Kelly Clements, Alta Comisionada de la ACNUR, asegura que la planta solar representa un gran cambio en la vida de los refugiados.

“Significa luz para seguridad, protección por las noches, para algunos significa mejor clima, podrán usar ventiladores en un día caluroso, y para otros calor durante los meses fríos de invierno”.

Farhan Nazzal, refugiado, asegura que tener la seguridad de la electricidad de la a su familia mayor libertad.

“Antes de esto no podíamos ir y venir como quisiéramos. Al atardecer teníamos que permanecer juntos en nuestro hogar. Ahora tenemos electricidad y podemos ir a la casa de nuestros vecinos, disfrutar de la noche, o nuestros vecinos pueden venir a nosotros, nos divertimos y somos más felices”.

Anas Ahmed, otro refugiado, dijo que el poder del sol ahora le da a sus hijos una forma de estudiar con las luces prendidas. La electricidad le ayuda a su familia de muchas formas.

“Ya tenemos un refrigerador, tenemos agua fría, podemos guardar nuestra comida. Tenemos una lavadora. Antes mi esposa tenía que lavar la ropa a mano. Ahora todo es más sencillo para ella”.

La planta también significó la creación de empleos para 50 refugiados. Fueron entrenados para construir y colocar los paneles solares y pudieron usar sus habilidades para encontrar trabajo afuera del campo.

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